El gigante invisible del comercio mundial está a punto de enfrentar su mayor desafío. Esta semana, en los pasillos de la Organización Marítima Internacional (OMI) en Londres, se define el futuro de los 60.000 buques que transportan prácticamente todo lo que consumís.
La propuesta es tan simple como revolucionaria: ponerle precio a cada tonelada de CO₂ que largan los barcos cargueros. Sería el primer impuesto verdaderamente global de la historia y podría transformar para siempre las reglas del comercio internacional.
Detrás de tus zapatillas importadas, tu teléfono móvil, o el café que tomaste a la mañana, se esconde una industria que mueve el 90% del comercio mundial pero que hasta ahora ha navegado bajo el radar de los grandes acuerdos climáticos. Con el 3% de las emisiones globales —más que toda Argentina y casi tanto como Alemania—, la flota mercante mundial ha sido el elefante en la habitación de la crisis climática.
La negociación no es tema menor, a partir de ella se definen varios puntos, y surgen varias preguntas ¿Quién paga la transición verde? ¿Los consumidores finales? ¿Las compañías de buques? ¿Los países exportadores?
Los analistas coinciden: si la OMI logra aprobar este impuestazo histórico, estaremos ante el primer caso en que una industria global completa acepta ponerle precio a su contaminación. Un precedente que podría desatar un efecto dominó de transformaciones en otros sectores.
La revolución verde que sacude a los barcos: Un impuesto global que cambiará los mares
La Organización Marítima Internacional (OMI) debate un "impuesto verde" al comercio internacional.

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