Esta semana la Secretaría de Finanzas licitó el nuevo BONTE, “Bono del Tesoro Nacional en Pesos a Tasa Fija con Vencimiento 30 de mayo de 2030”. El mismo estará abierto a inversores internacionales, se suscribirá directamente en dólares, y se pagará en pesos (también tendrá opción de cancelación anticipada “put”).
Ahora bien, ¿por qué permitir la suscripción en USD y no que pesifiquen y luego suscriban?
Principalmente, para evitar presiones innecesarias sobre el tipo de cambio. Tengamos en cuenta que el volumen diario normal del mercado de cambios ronda los USD 600 millones. El bono a licitar, el BONTE, se ofrecerá por hasta el equivalente en pesos a un valor efectivo de USD 1.000 millones.
Si los inversores internacionales tuvieran que pesificarse primero para suscribir, eso implicaría una presión muy fuerte —e innecesaria— a la baja sobre el tipo de cambio.
Al suscribir directamente, ambas partes evitan acudir al mercado y pactan la operación bilateralmente (también reduciendo así costos). El inversor recibe bonos en pesos, y el Tesoro recibe dólares.
Adicionalmente, esos USD pueden interpretarse como una “compra” por parte del gobierno: absorbe dólares a cambio de entregar bonos en pesos. De esta manera, el gobierno estaría —de forma innovadora para nuestro país (práctica común en otros)— comprando dólares dentro de la banda. Un método que, por cierto, pocos colegas especularon con que se fuese a realizar. Algo que, sin dudas, deja bien parada la estrategia del gobierno en este caso.
Mucho se discutió en estas semanas sobre la banda inferior movible que tiene el dólar, que supuestamente no le permitiría a la entidad central acumular reservas necesarias. Mayo, por ejemplo, es un mes donde normalmente se compran muchos dolares por la cosecha. Pero este mes, dado el esquema cambiario, el BCRA compró cero dólares; lo que elevaba las preocupaciones sobre su capacidad de acumular reservas. Pero como dijimos antes, pocos contaban con este instrumento de acumulación dentro de las bandas.
Sumado a esto, esta licitación es también una señal de apertura a los mercados internacionales, algo positivo pensando en futuras refinanciaciones de deuda.
Este tipo de instrumentos son muy útiles en escenarios de economía estable, como el que estamos transitando últimamente, pero son inversiones que resultan riesgosas si no se continúa por este sendero. Recordemos la colocación de bonos en pesos a tasa fija llevada adelante por el mismo Caputo en 2018, que terminó en grandes pérdidas para inversores institucionales extranjeros, como el fondo Templeton.
Para “mitigar” un poco ese riesgo, la Secretaría de Finanzas ofrece un put, es decir, un rescate temprano en 2027. Una especie de seguro electoral. Es decir, si en mayo de 2027 el gobierno actual no continúa por malos resultados en las elecciones, los inversores pueden accionar su put y rescatar anticipadamente el bono.
Fran Mattig, colega economista, comentaba anoche en Twitter: “Los bonos corporativos tienen cláusula de ‘change of control’, que da derecho al acreedor a vender el bono si cambia el accionista controlante: le prestaste a la empresa de otro, y el que viene puede no gustarte, entonces podés salirte. El put viene a ser algo así como ‘change of govt’”.
Mañana por la noche podremos analizar los resultados de la licitación —particularmente la tasa de corte y el nivel de demanda—; con el diario del lunes veremos dónde está parado hoy el gobierno frente al resto del mundo.
Francisco Borisonik, economista y asesor financiero.
Licitación del BONTE ¿Caputo lo hizo de nuevo?
Analizamos la licitacion del nuevo BONTE, abierto a inversores internacionales..
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